
Antes de nada un par de aclaraciones:
La receta en origen se hace con carne de cordero, como es obvio y preceptivo. Pero dada la escasez de buen cordero por nuestra tierra, el sur del sur, se cambió a la ternera, a la cadera de ternera, una pieza fantástica que es muy agradable de comer en la barbacoa.
Aunque la receta proviene de la propietaria del blog, y es una interpretación casi fiel de la original, se introducen ligerísimas variantes producto de su evolución en manos de otros miembros de la familia
Evocar los pinchos es hablar de veranos, de reuniones familiares multitudinarias en casa de mi hermana Pepi fundamentalmente, de veladas nocturnas con olores y sabores originales en paises ajenos, pero que forman parte del acervo familiar, son nuestras señas de identidad que nos recuerdan que hay mucho de nosotros que se quedó allí porque allí lo vivimos. Ahora, nuestros hijos (sobrinos) y nietos lo han o lo están absorbiendo y ya es parte de ellos, es ya de todos.
Ingredientes: (8 comensales)
- 2 kg. de Carne de cordero (con la variante de ternera, cadera)
- 3/4 Kg. de Pella de la riñonada (insistir al carnicero que NO es pella de cerdo sino de vaca y en concreto la de la riñonada.) Este ingrediente es para incluir con la opción de la carne de ternera.
- 2 cebollas grandes
- 1 y 1/2 limones
- 3 cucharadas grandes de especias morunas para pinchos, que son una mezcla de:
- Pimenton
- Pimienta
- Comino
- Cúrcuma
- Jengibre
- Aceite de oliva virgen
- Perejil, un buen manojo
- Culantro (cilantro) fresco, la mitad del perejil
- Hierbabuena, algo menos que el cilantro
Preparación:
Probablemente, el secreto de los pinchos sea obtener una carne lo más limpia posible, así como un tamaño apropiado de la presa o trozo de carne. En el caso de la cadera, hay que insistirle al carnicero que limpie por completo la pieza, incluída nervadura interior de la cadera. En cuanto al tamaño -que sí que importa-, el aconsejable es, para hecer una comparación rápida, el de la falange superior del dedo -o algo menos-; cuando se aliñe, absorberá jugos y multiplicará 1,5 veces su tamaño original, lo que le hará consumible de un sólo bocado (algo necesario al comerse con el pincho)
Si el carnicero no es demasiado receptivo, lo mejor es que nos limpie la pieza muy bien por fuera y nosotros ya en casa haremos el resto, que el que la lleva la entiende y es como mejor resultado obtendremos.
Una vez limpia y troceada, salamos la carne, añadimos las especias, el zumo de limón y el aceite de oliva -sed generosos- . Mezclamos bien y reservamos.
Con las cebollas, la mejor opción es triturarlas ayudados con una batidora e incorporar a la carne adobada. Una vez mezclada, añadimos las hierbas muy picaditas. Este probablemente sea otro de los secretos de un buen pincho. Trocear la pella e incorporarla con cuidado de que no se deshaga demasiado al moverla.
Para finalizar, prensar bien la carne y tapar para dejar madurar en el adobo. Tenemos que dejarlo reposar al menos 24h, preferiblemente 36; así es como adquiere todo su sabor y aroma. No olvidemos mover de cuando en cuando para ligar los trozoa que quedan en superficie.
Por último, un consejo para la barbacoa: el montaje del pincho debe realizarse ensartando por el eje mayor del trozo de carne y pegando bien los trozos unos con otros, con eso conseguiremos que los trozos no rueden al moverlos en la barbacoa.
La pella se inserta cada dos trozos de carne. No olvides llevar hasta el extremo del pincho los trozos de carne ni elegir pinchos largos, que luego ete quemarás al manipularlos y te acordarás de mí.
Hasta otra!


islotes de merengue flotando en un mar amarillo pálido… y ellos que miraban la fuente con los ojos abiertos como platos y se relamían… la devoraban con los ojos… y no había terminado de servirles una ración cuando ya pedían repetir. Nunca se han cansado de comerla, lo cual no deja de ser una gran satisfacción para mí.
Con esta tarta, se han celebrado todos los cumpleaños tanto de mis hijos como de mis nietos.
Se necesitan dos perdices, una loncha de tocino de jamón, varios ajos, una rebanada de pan, canela (una ramita), pimentón, perejil y piñones Se fríen dos dientes de ajos y la rebanadita de pan; una vez que están dorados se apartan. En este aceite se confitan el resto de los ajos picaditos, tocino y perejil.

Eesta receta es de origen hebreo, y aunque suene algo raro, se come como postre. Seguro que ese agradable sabor que deja en la boca tiene que ver con ello.
Una de mis especialidades ,segun mis nietos.